Hoy, 12 de octubre, además de fiesta nacional es fiesta mayor en mi pueblo, Zaragoza. Miles de vecinos se visten con trajes folclóricos y desfilan hasta la plaza del Pilar, donde le entregan un ramo de flores a la virgen. Son días de exaltación y sentimiento, de proclamarse muy zaragozano, muy aragonés y muy español (a veces, las tres cosas a la vez; otras, por separado y en oposición unas a otras, como bien sabe cualquier español de cualquier región y pueblo), pero también es un día para recordar que a los gentilicios no les caen bien los adverbios aumentativos, ni siquiera los de cantidad, como el que usó Mariano Rajoy en su ”muy españoles y mucho españoles”. Español se es o no se es. No se puede ser más español que los demás. Para disgusto de ambos, Santiago Abascal y Carles Puigdemont son españoles en el mismo rango y con idéntica intensidad, la que viene establecida por sus DNI.
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