No hay en la naturaleza hoy un espectáculo comparable al de un defensor de la reforma del delito de malversación —para abaratarlo— delante de una tribuna. Por razones todas ellas provechosas, sobre todo en lo que tiene que ver con el lenguaje: la sintaxis, como dijo Paul Valèry, es un valor moral. El único que ha salido completamente desacomplejado, y se agradece, es Gabriel Rufián, portavoz de ERC: con la reforma hay que ser “quirúrgico”. ¿Qué quiere decir eso? Que básicamente se rebajen las penas a quienes hayan malversado únicamente cuando ese delito esté vinculado a la secesión. Y —ya lo añado yo— si aun así hay quien se pueda beneficiar de la reforma además de los políticos independentistas catalanes, debería llevarse la cirugía al Código Penal incluyendo los nombres y apellidos de ellos como únicos beneficiarios de la ley.
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