Desde la primera foto de Colón, allá por 2019, el PP ha entendido ya que las manifestaciones convocadas por los satélites de Vox son susto o muerte. En Génova saben que no tienen nada que ganar en este tipo de protestas. Si la manifestación triunfa, Vox se arroga la victoria y la capitaliza; si pincha, el PP se lleva la derrota. Y si el PP no se vuelca en la convocatoria ―como ha decidido Alberto Núñez Feijóo con todas las que se han celebrado desde que llegó a la presidencia de los populares―, Vox también puede echarle la culpa del fracaso. El PP percibe este tipo de actos, auspiciados por entidades civiles de la derecha y antinacionalistas, como una trampa política. “Nos van a atizar en todo caso”, se escucha con pesar en el cuartel general de los populares. Este sábado, Feijóo volverá a dejar la silla vacía ―es la tercera vez que se ausenta―, pero en esta ocasión ha ordenado todavía un perfil más bajo. En plena crisis con Vox tras la polémica por el protocolo antiabortista en Castilla y León, el líder del PP no envía siquiera a su número dos, Cuca Gamarra, como sí ha hecho en otras ocasiones.
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