Mientras los legionarios del Tercio Duque de Alba de Ceuta desfilaban el día 6 por las calles de Málaga, llevando en hombros al Cristo de la Buena Muerte, sus compañeros de la Brigada de Legión de Almería se refugiaban en los búnkeres de la base Miguel de Cervantes, en Marjayún, ante la nueva escalada bélica entre Líbano e Israel, la más grave desde la guerra de 2006. Fue, en palabras del jefe del contingente español en Líbano, el general Melchor Marín Elvira, el Jueves Santo más difícil de su vida: 18 horas bajo tierra, esperando a que cesara el intercambio de cohetes y bombardeos entre las milicias palestinas y la Fuerza Aérea israelí. Y cruzando los dedos para que no fuera a más.
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