¡Quieto todo el mundo!

Les voy a contar un cuento. Don Alberto recibe los diarios a primera hora. Este miércoles, mientras apuraba el café y le venía a la mente la dama de rojo que le esperaba en el gallinero de invitados, leía a algunos de los columnistas de confianza. En los últimos días, durante la preparación de la investidura a la que se presentó para que no se le pusiera cara de Casado, leyó algunas cosas que le hicieron pensar si tanto aplauso se lo creerá alguien, si tanto azúcar no provocará diabetes de credibilidad.

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