Todos los protagonistas han llegado ya tan lejos, que un fracaso a estas alturas sería una catástrofe. Todo es tan difícil, que solo puede salir bien. La negociación para la investidura de Pedro Sánchez vive un momento de incertidumbre, en el que los mensajes que se emiten desde el epicentro de las discusiones empiezan a ser de cierta alarma. “No es pesimismo, es realismo. Es muy difícil. Pero seguimos confiando en que saldrá”, resume un miembro del Gobierno. “Es una negociación muy compleja y exige su tiempo”, señala otro. “Las corrientes de fondo son las mismas, pero es muy complicado”, resume uno más, que recuerda así que la lógica política hace pensar que se resolverá el puzle, porque todos ganan mucho si se logra y pierden si no —la coalición se queda sin Gobierno y se arriesga a que sume la derecha, pero los independentistas pueden perder toda su capacidad de influencia y se quedarían sin amnistía—.
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