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domingo 12·11·2023 Fuente: El País

Un acuerdo al borde del precipicio

Todo estaba ya muy encarrilado este lunes, 6 de noviembre. La idea era celebrar la sesión de investidura el jueves y el viernes. Pedro Sánchez quería llegar ayer a Málaga, al congreso del Partido Socialista Europeo, como presidente del Gobierno con plenas competencias. Las negociaciones se habían retrasado por la desconfianza de Junts con la última redacción del texto del acuerdo, y por unos evidentes celos con ERC, que había cerrado su pacto el jueves anterior con logros como el traspaso de los Rodalies, los trenes de cercanías de Renfe en Cataluña, o la quita del 20% de la deuda de la Generalitat con el Fondo de Líquidez Autonómica, 15.000 millones de euros más otros 1.300 en intereses. Ese día 2 estaba previsto presentar el acuerdo primero con Junts y luego con ERC, pero Carles Puigdemont mandó parar con el atril ya preparado para su comparecencia. Algunos temieron un regreso a 2017, cuando todo estalló tras el giro del entonces president, que optó por declarar la independencia en vez de convocar elecciones autonómicas. Pero los negociadores sabían que no era así.