La batalla por el Poder Judicial

Cuenta Ezra Klein en su libro Por qué estamos polarizados un reciente episodio de la política norteamericana que recuerda a algunas cosas que están sucediendo en nuestro país. En 2016, murió Antonin Scalia, uno de los jueces más conservadores que ha pasado por el Tribunal Supremo de Estados Unidos. Lo nombró Ronald Reagan en 1986, y su repentino fallecimiento coincidió con la presidencia demócrata de Barack Obama. Era una ocasión propicia para establecer una mayoría progresista en uno de los órganos con más poder en el sistema político estadounidense. Aunque los jueces del Supremo son nombrados de por vida a propuesta del presidente, es necesario el asesoramiento y el consentimiento del Senado. En aquellos años, la mayoría del Senado era conservadora, y los republicanos se negaron a cualquier iniciativa que permitiera el nombramiento de un nuevo juez del Supremo. Obama llegó a proponer a un candidato moderado que años antes había gozado de la simpatía de senadores republicanos. Pero ni aun así el líder de los conservadores en el Senado, Mitch McConnell, permitió a Obama nombrar al nuevo miembro. Los republicanos se escudaron en que, al ser año electoral, era mejor dejar el nombramiento para el sucesor de Obama. “Era una cuestión de democracia”.

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