El Zacha es un chaval más de la calle en San Fernando. Un tipo de 20 años, procedente de una familia de clase media, que un buen día se torció y se enganchó al consumo de diversos estupefacientes. Podría haber financiado sus adicciones a golpe de tirones, descuidos o robos de poca monta en esta ciudad gaditana, pero apostó a caballo seguro: las estafas informáticas. Empezó como una mula más, la policía lo pilló tantas veces hasta hacerse viejo conocido y, al final, se montó su propia organización delictiva diversificada: lo mismo fingía ventas en plataformas de segunda mano que timaba con falsos alquileres vacacionales o engañaba a sus víctimas con argucias para extraer efectivo sin tarjeta en cajeros a través de la plataforma de pago HalCash.
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