A todos nos enamora la figura del estadista senior pero cabe preguntarse si su perfil no pertenece más bien a la literatura de género utopista. Tony Blair es hoy menos popular que la caza de las ballenas. Cuando murió Berlusconi, hubo que hacer orfebrería homilética para decir y no decir que fue buena persona. Y lo mejor que se puede afirmar del currículum de Sarkozy es que carece de antecedentes penales. Tampoco la popularidad de un exmandatario implica a la fuerza nada bueno: lo acabamos de ver con Trump en Iowa.
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