Galicia en el país de las maravillas

El PP de Galicia conquistó su primera mayoría absoluta en las elecciones autonómicas por un puñado de votos, en diciembre de 1989, bajo el liderazgo carismático de Manuel Fraga Iribarne. Acababan así nueve años convulsos, que habían asistido a la gestación tortuosa y la plebiscitación poco entusiasta de un Estatuto de autonomía de primera, de nacionalidad. Siguieron varios años de rivalidad entre Alianza Popular, que optó en Galicia por un regionalismo tibio y por aceptar el Estado de las autonomías, y una UCD en descomposición, parte de cuyos cuadros intentaron impulsar una alternativa nacionalista de centro en alianza con sectores del minoritario galleguismo moderado. Un PSOE en alza mostraba ya sus contradicciones: fuerza municipalista y falta de proyecto para Galicia. Mientras, una izquierda nacionalista dividida entre pragmáticos y radicales mantenía una presencia minoritaria, pero significativa. Fueron los intelectuales galleguistas y los sectores más pragmáticos de esa izquierda nacionalista, junto al neoautonomismo de conservadores y algunos socialistas galaicos, quienes dotaron de contenido una autonomía que había nacido con mal pie.

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