Suponemos que el presidente del Partido Popular no se alegrará de saberlo ni nos lo agradecerá. Con todo, nosotros, los abajo firmantes, sí celebramos el supuesto desliz de “la fuente del más alto nivel” sobre el indulto y —por encima de todo— su apelación a la necesidad de una reconciliación con Cataluña. No es la primera vez que Alberto Núñez Feijóo, o su sombra, parece salirse del surco trazado por los argumentos de su propio partido con respecto a Cataluña y los nacionalismos periféricos. Cuando fue nombrado presidente del PP, un locuaz columnista ya lo tachó de “nacionalista gallego”, lo que en Galicia provoca carcajadas. El PP ha acabado siendo esclavo de su rigidez discursiva en un asunto que ni le permite crecer electoralmente, porque siempre rivaliza con Vox en el terreno que a ellos más favorece, ni le ofrece flexibilidad parlamentaria. Por ello, lleva la bola de hierro de la ultraderecha atada a su tobillo. Ya lo hizo el PP cuando Rodríguez Zapatero negociaba el final de ETA, y no aprende. No ganaron las elecciones porque Zapatero hubiera “traicionado a los muertos”, recordando la vergonzosa fórmula utilizada por Mariano Rajoy en las Cortes, sino porque la crisis de 2008 acabó llevándose por delante a un presidente de acero.
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