Solo tres semanas atrás, el 80% de los 11.000 gallegos entrevistados por el CIS lo tenía muy claro: el PP volvería a llevarse las elecciones autonómicas convocadas para el 18 de febrero. Ha pasado menos de un mes y es como si el mundo en Galicia hubiese dado varias vueltas. Entre los populares cunde la inquietud, los socialistas están expectantes y el nacionalismo navega sobre una ola de euforia. En la calle, la certeza se ha disipado. Por primera vez desde que Alberto Núñez Feijóo recuperó la Xunta para la derecha en 2009 —y aunque el PP sigue encabezando las apuestas— la atmósfera ya no es la de la victoria aplastante que se presumía y la que buscaban los populares cuando decidieron anticipar las elecciones a este domingo.
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