A ERC le ha estallado de frente el relato que lleva años alimentando en Madrid. Ese partido que se vendía como “el independentismo sensato”, que se desmarcaba de las piruetas de Carles Puigdemont, se ve ahora ante la posibilidad de apoyar un tripartito, pero arrastra los pies. Esquerra lleva años jugando a la ambigüedad, y, tarde o temprano, esas simpatías que venía cosechando fuera de Cataluña como “los buenos del procés” iban a pedirle que sea consecuente y apoye al PSC.
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