Aquel Pedro Sánchez abatido, que se decía tentado a dimitir, vuelve a parecer estos días el confiado hombre de siempre. Entregado de lleno a la campaña del 9-J, los últimos días Sánchez ha aparecido otra vez como el líder que va derrochando seguridad allá donde pisa por muchos contratiempos que se le interpongan. Solo había que fijarse en la enorme sonrisa con que compareció este viernes en uno de los últimos actos electorales en Madrid, junto al secretario general de UGT, Pepe Álvarez. “Tengo buenas vibraciones”, fueron sus palabras de presentación ante la concurrencia. “Este es un final de campaña que ni habiéndolo previsto nos habría salido mejor”, se ufanó, casi eufórico.
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