Cuando, hace dos semanas, la secretaria general de Esquerra Republicana, Marta Rovira, se reunió telemáticamente con los cuadros, el mensaje recibido fue de confianza y, como petición, que se expriman los 20 diputados obtenidos el 12-M en las negociaciones, tanto de la Mesa del Parlament como en la investidura. De momento, ERC ha salido del primer hito con una vicepresidencia y una secretaría; declinó los ofrecimientos para tener la presidencia de la Cámara hechos por el PSC y tiene un puesto más del que le habría tocado proporcionalmente. La segunda negociación pinta menos fácil, pues hay una parte considerable de las bases que ya muestra sus reticencias a cualquier acuerdo con los socialistas. Pero allí los republicanos se juegan mucho, tanto política como organizativamente, incluso sin entrar en el Ejecutivo. El actual Govern en funciones incluye una bolsa de 330 altos cargos y eventuales que ERC perderá totalmente si no llega a algún pacto, algunos de ellos sin filiación política y que habían hecho un voto de confianza en el Ejecutivo en minoría de Pere Aragonès.
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