Las izquierdas españolas en la democracia frágil

La democracia está en peligro. Lo está ahora, y lo está siempre, porque la democracia es una anomalía histórica. Si pensamos en los largos milenios que nos preceden, las sociedades que podríamos considerar como democráticas han sido una minoría, frágil y efímera. Una pequeña parte de la sociedad siempre ha acaparado la mayor parte del poder, siempre ha tenido mucho que perder, y siempre ha estado dispuesta a utilizar los medios más brutales para asegurarse de que eso no ocurra. El misterio, en cierta forma, es por qué esa minoría no gana siempre. El politólogo Daniel Ziblatt ofrece tres explicaciones: la creciente suerte de la democracia se explica por la imparable fuerza modernizadora del desarrollo económico; por la también creciente capacidad de las clases medias y trabajadoras de arrebatar el poder a las élites, y por la pacificación sustantiva de esas mismas élites, que deciden aceptar las normas democráticas, aunque sea de forma temporal. Ziblatt nos dice que las dos primeras explicaciones son muy conocidas, una especie de mitología moderna de la democracia, y que su aportación específica es profundizar en la última. A saber: la democracia solo es posible si la parte conservadora de esas élites acepta la forma de organización partidaria, la política de masas, y utiliza ese poder para hacer de dique de contención de los elementos más radicales a su derecha. Conceder la democracia a cambio de no conceder todo su poder. Si eso ocurre, la democracia puede existir. Cuando eso deja de ocurrir, la democracia entra en crisis.

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