Un fantasma ronda por estos días a Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). La actual pugna por el liderazgo del partido no se acerca, al menos de momento, a la intensidad del pulso entre Joan Puigcercós y Josep-Lluís Carod-Rovira y que tuvo su apogeo con cuatro familias en una lucha sin cuartel en el congreso de 2008. Pero la publicación, el pasado lunes, de un manifiesto apoyando las tesis de Marta Rovira sobre la necesidad de un cambio de caras y criticando implícitamente los deseos de continuidad de Oriol Junqueras, han hecho que regresen memorias de la división en bloques dentro de ese partido impredecible y cainita que ha sido ERC en varias etapas de su larga historia.
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