Bajo la consigna de “el enemigo de tus enemigos es tu amigo” muchas personas inteligentes se abrazan a necios y muchos tipos honestos se alían con delincuentes. Es, por lo tanto, una mala consigna. Pero el odio ciega, mucho más que el amor. Nadie sabe si esa escena del balcón de la presidencia de la Comunidad de Madrid aspiraba a convertirse en una versión de aquel musical, Evita, pero con la letra cambiada: gracias por insultar por mí, Argentina. Poco importa. Bajo la máscara de un anarcocapitalismo desprejuiciado viaja una estrategia ya conocida, la de beneficiar a cuatro empresarios cercanos a costa del erario público. Es tierno ver hablar en público contra los impuestos y la justicia social mientras se regalan parcelas públicas a colegios privados, se traspasan las funciones de la sanidad de todos a negocios particulares y se exprime la ciudad vivible en favor del chiringuito turístico. No hay nadie que se crea lo de la libertadcarajo después de estudiar las acciones económicas puestas en marcha, porque es fácil distinguir qué ciudadano es más libre, si el que cruza una calle con semáforos o el que intenta cruzarla sin que haya semáforos.
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