El 4 de julio, el portavoz parlamentario del PP, Miguel Tellado, propuso que el Gobierno desplegara fragatas en torno a las costas africanas para impedir que las pateras llenas de inmigrantes salieran al mar. Esa misma mañana, el portavoz socialista, Patxi López, le replicó desde los pasillos del Congreso: “¿Qué será lo próximo? ¿Bombardear cayucos?”. Ha habido más días, pero ese sirve de ejemplo. Los especialistas advierten de que el omnipresente debate público sobre la inmigración, empujado hacia los extremos por la extrema derecha, ha degenerado en un toma y daca sin matices. También, que esta discusión sin mucha sutileza ha llegado a la calle: el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) refleja la creciente importancia que la población otorga a la inmigración. Las mil caras del fenómeno se resumen, con demasiada frecuencia, en cómo blindar una frontera, ya sea la de Canarias, la del Mediterráneo o la del Río Grande.
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