La inmigración circular

El círculo se repite. Pasa ahora como ocurrió hace 20 años. Después del trágico episodio de la valla de Melilla en junio de 2022, el Reino de Marruecos adoptó medidas contra la inmigración ilegal con el apoyo de España y la Unión Europea. Pero los subsaharianos no esperaron a que el control de fronteras volviera a relajarse, sino que buscaron una alternativa. Si Senegal se convirtió primero en su punto de partida, desde hace unos meses el país de tránsito clave es Mauritania. La crisis que sufre Canarias, olvidada como centro de acogida desbordado y sin contar con la solidaridad del conjunto del país, motivó el viaje a Mauritania de Ursula von der Leyen y Pedro Sánchez el febrero pasado. Ya entonces, como puede leerse en la nota de prensa de La Moncloa, el presidente del Gobierno se refirió a la migración circular como una de las respuestas al problema. Nadie se escandalizó. Aunque la llegada de inmigrantes irregulares al archipiélago ya se estaba disparando, la inmigración seguía sin ser un problema prioritario para los españoles, como ha ocurrido históricamente. Ahora, en cambio, tras el nuevo viaje de Sánchez a Mauritania y la apuesta de la oposición por incendiar este reto, la misma propuesta ha servido para acusar al Gobierno de “alentar un efecto llamada”.

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