Como advertía Conrad, las palabras son grandes enemigas de la realidad. Este verano, la polémica entre el PP y el PSOE sobre la inmigración mostró que hemos dejado atrás cualquier aspiración de sentido. Si la gestión de los dos partidos ha sido bastante similar, el discurso era casi idéntico: tanto sobre las contrataciones en origen como sobre las expulsiones. El reproche dirigido al contrario —provocar el efecto llamada, adoptar las estrategias de la extrema derecha— valía para lo que habías hecho o ibas a hacer. Solo se puede reconocer la verdad cuando no hay testigos.
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