Por si no hubiera quedado claro antes, tras la revelación de los supuestos comportamientos de Ábalos (y su extensa corte) y Errejón (y alguna mediadora), la izquierda no puede dar lecciones contra la corrupción ni los abusos sexuales. Los progresistas pueden, y deben, reflexionar mucho, pero con humildad, sin esos aires de superioridad moral que tapan olores fétidos.
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