Además del desasosiego y la ansiedad, de la pena, el dolor, la desazón, el resquemor. Además de la rabia, por sentirse abandonados a su suerte, desinformados, engañados. Además de la tristeza. Que se ha apoderado de la mirada de aquellos que se han ensuciado de barro algún día, o todos los días desde el martes de la semana pasada. Que se derrumban al entrar en sus casas. Y quitarse la ropa como si vinieran del frente. Fundidos anímicamente después de contemplar tanta porquería, tanta miseria, de respirar lo irrespirable. Además del sufrimiento de aquellos que lamentan alguna pérdida que no se queda solo en lo material. Además de todos esos sentimientos que martirizan a los vecinos de l’Horta Sud o de la Ribera desde hace una semana, hay uno que atenaza a los valencianos. A casi todos. Es la culpa.
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