
El esqueleto de lo que alguna vez fue la fábrica de la cooperativa de ferretería Cofedeva sigue en pie junto a una rotonda en la periferia de Alaquàs (Valencia). En el último mes, este edificio abandonado se ha ido convirtiendo en basurero y depósito de escombros, que se vuelve casi invisible cuando cae la noche y queda en plena oscuridad, a pocos kilómetros de donde se mueven de un lado para otro cuadrillas del Ejército, de los bomberos, guardias civiles, la UME, voluntarios, maquinaria, camiones y furgonetas con ayuda a los pueblos devastados por la fuerza de la riada del 29 de octubre. Las instalaciones ruinosas pasan desapercibidas para casi todo el mundo, salvo para un puñado de inmigrantes marroquíes que no pasan de los 30 años y que han convertido este hoyo negro en su hogar poco después de la debacle que dejó 221 personas muertas en toda la provincia.


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