Cuando tenía apenas 11 años, Mónica Oltra simuló su muerte. Dibujó una mancha de kétchup en el suelo, puso al lado un cuchillo y se tumbó en la cocina para ser descubierta por su hermano, seis años menor. “Necesitaba saber si de verdad me quería, porque protestaba mucho”, argumenta ahora la vicepresidenta del Gobierno valenciano, quien enseguida añade sonriendo: “Me arrepentí y me arrepiento”. No calibró el impacto que aún se dibuja en la cara de Juanín cuando recuerdan la anécdota.
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