Perder el sentido de la oportunidad

A una semana de las elecciones andaluzas se ha dicho ya casi todo sobre ellas. Estoy seguro de que usted no quiere volver a leer el enésimo análisis de sus resultados. Ha dejado de ser noticia, o sea, novedad. Ahora estamos en otra cosa, en la reunión de la OTAN, y más adelante acaparará toda la atención cualquier otro acontecimiento. Esto, la velocidad a la que se suceden las noticias y se mantiene el interés sobre algo es una de las características con las que ha de contar todo actor político. Maquiavelo lo incorporaría a eso que él denominaba la qualità de’ tempi, las circunstancias de cada momento, lo que es específico de una situación dada. Sin atender a estos rasgos de una determinada realidad objetiva, el político está llamado inevitablemente a errar. Por eso, por volver a lo de Andalucía, no tiene más remedio que tratar de mantener vivo el relato que más le beneficia. O, como es el caso del Gobierno, intentar abundar en el olvido de lo sucedido, confiar en que el fracaso andaluz quede sepultado por lo nuevo que vaya apareciendo.

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