Carlos Cuerpo es un ministro normal. Lo verdaderamente preocupante para España es que esto resulte una rareza. El titular de Economía es una persona cualificada para su puesto, alto funcionario del Estado, y se maneja públicamente con la cortesía que cabría esperar de un miembro del Gobierno. No insulta en Twitter ni se lanza a justificar lo injustificable en una rueda de prensa tras el Consejo de Ministros. Se mueve con la discreción que exige su responsabilidad y atiende a los medios con la apertura y pluralidad debidas. Cada vez que toma la palabra, transmite la sensación de saber de lo que habla y, en sus comparecencias, trata a los ciudadanos como adultos funcionales, no como agentes de una polarización pastueña y desbordada. En España, la economía va bien, y es probable que este éxito sea imputable al buen proceder de Carlos Cuerpo y de su predecesora, Nadia Calviño.
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