Ceuta y Melilla, la nueva vía de escape de Sudán

Entre los cerca de 1.700 migrantes y refugiados que el pasado viernes intentaron entrar en Melilla, había un importante grupo de sudaneses. No ha trascendido la nacionalidad de los 23 muertos que Marruecos ha reconocido, pero sí que cerca del 80% de las 133 personas que consiguieron llegar a la ciudad autónoma, vienen de Sudán, según fuentes oficiales y los abogados que los están asistiendo.

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El éxodo del Sahel

Los últimos saltos han tenido como protagonistas otras nacionalidades que acaban siendo reconocidas como beneficiarias de protección. Se trata, sobre todo, de emigrantes que salen de Malí, pero también de burkineses, chadianos y nigerinos.
El Sahel occidental está inmerso en una espiral de violencia que se ha agudizado aún más en los últimos meses. La insurgencia yihadista que arrancó en 2012 en Malí golpea desde 2015 con dureza también en Burkina Faso y Níger, un conflicto que ha provocado al menos 25.000 muertos en la última década y unos cuatro millones de desplazados y refugiados. La incapacidad de Malí y Burkina Faso para frenar esta violencia está en el origen de los recientes golpes de Estado en ambos países, que llevaron al poder a juntas militares.

Además, la operación militar francesa Barkhane que ha estado en el centro de la respuesta armada a los grupos terroristas afiliados a Al Qaeda y Estado Islámico que masacran a la población o la obligan a vivir bajo sus órdenes, está a punto de retirarse de Malí por desacuerdos con los nuevos gobernantes, lo que desde finales de 2021 ha abierto la puerta a la presencia rusa a través de cientos de mercenarios de la compañía Wagner. El desembarco de este nuevo actor militar ha provocado un repunte de la violencia. Solo en Malí han sido asesinados este año más de 500 civiles, según cifras de la ONU.

La conjunción de conflictos preexistentes, shocks climáticos como lluvias torrenciales o sequías, la pandemia de covid y ahora el impacto económico de la guerra de Ucrania, con la subida de precios de los productos de primera necesidad y la escasez de cereales y fertilizantes, está agravando la situación de millones de personas en África. El Programa Mundial de Alimentos ya anunció a comienzos de junio la reducción a la mitad de sus raciones de ayuda humanitaria para desplazados y refugiados por estas crisis debido a la guerra en Ucrania. Las tasas de malnutrición infantil se han disparado desde comienzos de año.

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