La reforma laboral, que se ha convertido en uno de los grandes hitos del Gobierno —este martes celebraba el récord de 21,6 millones de afiliados a la Seguridad Social y el paro más bajo desde 2008— llegó al Congreso sin apoyos claros y salió de rebote, por un error del PP. La reducción de la jornada laboral máxima, de 40 a 37,5 horas semanales, que no se toca desde 1983, y que beneficiaría según Trabajo a 12 millones de trabajadores —el resto ya la tienen en sus convenios— también llegará al Congreso sin apoyos garantizados, pero el Gobierno confía en que la presión social —la norma tiene un gran apoyo en todos los sectores, incluidos los conservadores, según las encuestas— y la negociación dará el mismo resultado.
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