“Esto es una tortura psicológica”

Cuando le preguntan a Mercedes Abril, de 88 años, cómo está, dice: “Estoy esperando”. “Diez años desde que empecé a moverlo y antes de eso, toda la vida”. Con “moverlo”, se refiere a tratar de recuperar los restos de su padre una vez que supo que había sido trasladado al Valle de los Caídos sin el consentimiento familiar, como muchos otros republicanos. “Toda la vida” es desde los tres años, cuando en septiembre de 1936 la Guardia Civil se llevó a Rafael Abril, socialista, jefe de la estación de Clarés de Ribota (Zaragoza), y aquella niña no lo vio más. Le había denunciado un cura, quien le acusaba, entre otras cosas, de no haberse casado por la iglesia. Eusebia, que sí era su esposa, tenía entonces 27 años y estaba a punto de dar a luz. El bebé solo vivió 10 días. Ella sí tuvo una vida larga, pero dura. “Murió a los 101 y el día antes”, recuerda Mercedes, “me dijo cuánto le gustaría que se pudieran recuperar los restos. Yo le prometí hacer todo lo posible para enterrar a mi padre con ella. Y en eso estoy”.

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