El Gran Retroceso

La celebración de la Cumbre de la OTAN ha sido un éxito paradójico, pues su sentido último ha sido inaugurar el Gran Retroceso. Con esta paráfrasis de la Gran Recesión me refiero a que su nuevo Concepto Estratégico nos retrotrae a la época hobbesiana en que la guerra entre las naciones era el motor de la historia. La posmoderna paz perpetua de Kant ha quedado en suspenso y retornamos a la modernidad belicosa a sangre y hierro de Bismarck, como constató Scholz con su Zeitenwende. Lo que implica el fin (¿momentáneo?) del proceso de civilización (o desmilitarización) de Norbert Elias y del proceso de conversión civil del Estado teorizado por Tilly, que redujo al mínimo el gasto militar. Los europeos hemos dejado de ser de Venus (“haz el amor y no la guerra”) para volver a ser de Marte, como demuestra que nos comprometamos a subir dicho gasto militar al 2%. Una cifra curiosamente análoga a la tasa de fecundidad que garantiza la reproducción poblacional, que cayó por debajo tras el final del proceso de transición demográfica (España está a la cola en ambas cifras con tasas del 1,1%). Y ahora, hasta la feminista y socialista Suecia vuelve a superar ese 2% de fecundidad y gasto militar, optando por ingresar en la OTAN.

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