Un operario aparca un camión de mudanza frente a un edificio particular. Abre, con parsimonia, el portón trasero ante los ojos de un puñado de personas. Separa primero los bártulos más voluminosos, deja los más pequeños para después. Y con el empeño autómata de quien se dedica habitualmente a trasladar cosas, carga la mercancía sin entender por qué una cámara de fotos lo acompaña hasta el ascensor. Sonríe incómodo. En la calle, de repente, han quedado amontonadas algunas cajas. Con un rotulador negro alguien ha pintado sobre el cartón: “DANA”.
Sé el primero en comentar en «La reconstrucción a medias del epicentro de la dana: muchos coches nuevos y pocos garajes»