Madrid se vende

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Hay una forma de morir que no aparece en los periódicos. No sale en los obituarios ni genera esquelas. Ocurre cuando se apagan las luces de un lugar donde sonó música que no estaba en ninguna playlist, donde los músicos sudaban a dos metros del público y todos compartíamos el riesgo de no saber qué iba a suceder. El Café Central cierra sus puertas tras más de cuatro décadas como templo madrileño del jazz. Perdemos otro de esos espacios que hacían de Madrid una ciudad habitable, no visitable. Pero no se va solo. Con él se va toda una forma de entender la ciudad, de habitarla. El modelo Miami de espacios asépticos diseñados para Instagram se come al Madrid más genuino, el de los rincones donde podía pasar cualquier cosa. Y no es casualidad. Es el resultado de un proyecto concreto que lleva décadas exprimiendo y transformando Madrid. Un proyecto que tiene nombre, apellidos y hasta universidades propias.

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