Gaza hasta en la sopa. Esa es la estrategia a seguir y no se oculta, también en todos los debates en el Congreso. El Gobierno se ha encontrado con un regalo político que le permite reconectar con la mayoría abrumadora de la sociedad española, ubicarse en una posición privilegiada de liderazgo europeo y hasta mundial, remarcar su en tantas ocasiones desdibujado perfil progresista y encerrar al PP en sus particulares demonios. El PP de Feijóo no es que no quiera asumir ya la evidencia de retratar como genocidio lo que es un genocidio palmario. Su problemón es que nadie, ni sus seguidores más acérrimos, entiende qué es lo que creen perder con esa inexplicable indefinición. Otra.
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