Los historiadores del futuro se van a dar un fiestón cuando analicen la pandemia de estupidez que anega el mundo en este triste 2025. De hecho, es improbable que consigan entenderla, pues ni siquiera nosotros, que la estamos padeciendo en carne mortal, somos capaces de digerirla, de racionalizarla, de domesticarla. Comprender un fenómeno es la condición necesaria para poder gestionarlo, pero incluso los mejores analistas, esos a los que tú y yo leemos, vemos y oímos, están tan desbordados por el tsunami de desvaríos que apenas logran asomar la cabeza para tomar una bocanada de aire antes de ser arrollados por la siguiente ola gigante.
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