
Carmen Perpinyá, 85 años, chaqueta rosa y pantalón azul marino, se desplaza en un andador con asiento, una especie de híbrido entre silla y caminador. Está en mitad de lo que un día fue salón de sus padres de un piso de dos alturas en la calle Ausiàs March de Benetússer, y que luego lo fue de ella y su familia. Cuenta que la noche anterior llovió en Valencia, donde vive ahora. Ella estaba tumbada en cama junto a su marido, Daniel Massiá, 90 años. Se levantó en cuanto oyó las primeras gotas y se sentó sobre el colchón, alerta. Empezó a llover a las 2, a las 4.45 paró un poco y se mantuvo así hasta las 6, dice. “Todas esas horas las pasé sentada en el borde de la cama. Sin ver la lluvia, pero oyéndola”.






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