No se puede ser héroe y poeta. Las gestas o se cantan o se protagonizan. Pero el papel de un estadista responsable jamás puede ser ajustar cuentas ni proponer una reconciliación a través de unas memorias. Esto vale para un presidente y es obligado para un rey. Sobre todo, porque el pacto con la historia, en quienes han tenido biografías destacadas, no puede depender del propio testimonio. Lo elegante es que hable la vida y nunca la persona.
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