1. Las democracias europeas, con sus matices diferenciales, vivían con cierta comodidad en los tiempos del bipartidismo simple: una derecha y una izquierda lideradas por un partido principal, con unos pocos grupos secundarios en el entorno que iban a remolque. Un modelo propio del capitalismo industrial que respondía al viejo esquema burguesía/proletariado. Pero el paso al capitalismo financiero, la aceleración tecnológica y los cambios en el sistema comunicacional han introducido factores de complejidad con efectos directos sobre la representación política. Lo vemos en todas partes. Sin ir más lejos, en la vecina Francia: la V República, desde que Nicolas Sarkozy asumió la presidencia, ha ido entrando en una fase de descomposición política que ni el presuntuoso primero de la clase, Emmanuel Macron, ha conseguido revertir. Y ahora ejerce de presidente demediado, con gobiernos de estabilidad precaria y con la extrema derecha —que en todas partes está capitalizando el desvarío— al asalto del poder.
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