La política es una disciplina comprometida con la acción. Esto es así desde Aristóteles, como poco. En un mundo en el que lo hemos llenado todo de palabras, hay quien, como la vicepresidenta Díaz, parece confiarlo todo al poder de las enunciaciones. Aunque la realidad siempre gana. Si confiamos en el lenguaje es porque pensamos que detrás de las palabras hay algo. Por eso, quien amenaza sin capacidad de hacer cumplir su advertencia está condenado, o condenada, a que sus palabras no valgan nada.
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