Los autores de los obituarios de Elizabeth Taylor, Harold Pinter y Lillian Ross en The New York Times murieron antes que los protagonistas de sus necrológicas, y Pedro Sánchez ha vuelto varias veces después de que lo dieran por acabado. La brigada de control de daños se afana en imponer la idea de que el desastre del PSOE en Extremadura es culpa del candidato, pero el candidato, procesado, nefasto por méritos propios, también lo era porque estaba inevitablemente asociado a problemas del líder del partido: el cesarismo y la corrupción en su entorno.
Sé el primero en comentar en «El legado de Pedro Sánchez»