A algunas voces de la ultraderecha les ha empezado a incomodar la monarquía parlamentaria, como institución, dentro de su idea de España. El Rey no solo simboliza la Constitución de 1978, sino también un orden que se ha ido consolidando durante los últimos 40 años en torno a dos grandes partidos tendientes al centro y a unos consensos básicos. En ese sentido, Vox aspira a convertirse en la primera fuerza política del país —en sustitución del Partido Popular— dándole la puntilla a nuestro bipartidismo clásico. Tal vez sea ese el motivo por el que algunas corrientes de derecha antisistema la tienen tomada con el monarca Felipe VI, como cúspide del actual modelo constitucional.
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