El mensaje de Vox es insistente: el partido —dicen Santiago Abascal y los suyos— no va solo contra una pata sino contra las dos que sostienen al “bipartidismo corrupto”. Con recursos propios de un populismo antisistema pensado para trascender el eje izquierda-derecha, Vox pretende ser el principal beneficiario del malestar social mediante la captación de apoyos provenientes de los dos grandes partidos. Tras lograr una importante penetración en el electorado del PP, ¿está haciendo lo mismo ahora en el socialista? La respuesta es que Vox ha abierto una brecha en el electorado del PSOE, aunque es una vía incipiente, menor que aquella por la que Alberto Núñez Feijóo pierde votos en favor de la ultraderecha.
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