La entrada de migrantes irregulares en la Unión Europea cayó un 26% en 2025, hasta situarse en cerca de 178.000, el nivel más bajo en cuatro años según Frontex, gracias al refuerzo de las fronteras exteriores y las “asociaciones internacionales eficaces”. El desplome fue aún mayor en España, con casi 38.000 entradas detectadas, un 42,6% menos que en 2024, de acuerdo con la información del Ministerio del Interior. La contención y el control de los flujos migratorios irregulares, pactada en los últimos años por Bruselas con países de la ribera sur del Mediterráneo a cambio de ayudas económicas, está surtiendo efecto en la reducción de las cifras de accesos ilegales. Pero tras los datos oficiales se esconden tragedias cotidianas, recientemente desveladas por organizaciones internacionales y humanitarias, que sufren en el Magreb miles de migrantes subsaharianos de paso hacia Europa. Son expulsados al desierto, deportados hacia sus lugares de origen o mueren de hambre y frío sin recibir auxilio tras despeñarse en pasos fronterizos clandestinos.

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