El avance reaccionario ya no es una amenaza futura: es un proyecto político en marcha. En España y a escala global se abre paso una ofensiva que busca desandar conquistas democráticas recientes y poner en cuestión derechos, consensos y límites que parecían firmes. El ataque de Trump a Venezuela y la desnudez de sus intenciones es el giro último, la transición necesaria de las narrativas de odio a su práctica política. Nada de lo ocurrido antes del 3 de enero de 2026 ha sido accesorio, sino que ha servido para preparar el terreno, desactivar resistencias y normalizar lo que hoy se presenta sin tapujos. Leer correctamente este desarrollo es, por lo tanto, clave para pensar posibles alternativas.
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