Cuando Gabriel Rufián salió elegido diputado por Barcelona en 2015, Vox era un grupo marginal con menos poder que un club de bailes de salón: no llegaba a los 60.000 votos y era rebasado por el PACMA, que le cuadruplicaba los sufragios. Once años y cinco legislaturas después, Rufián se sienta en la misma Asamblea, pero rodeado por diputados de Vox, que constituye la tercera fuerza parlamentaria y, tras dos exitazos autonómicos en Extremadura y Aragón, se acerca al 20% de intención de voto en las encuestas.
Sé el primero en comentar en «Rufián y la izquierda en la Ínsula Barataria»