Los discursos del Rey se pactan entre La Zarzuela y La Moncloa, con participación de los ministerios directamente afectados en cada caso. Por eso, nunca contradicen la posición del Gobierno, aunque tampoco coincidan al 100% con la misma. Se mueven en el espacio de consenso entre las grandes fuerzas políticas, aunque sea a costa de dejar fuera a las extremas. El problema es cuando ese consenso se estrecha tanto que resulta difícil transitar por él.
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