Todos los que nacimos en costas bellísimas, pero bravas y escarpadas, tenemos seguramente algún muerto entre las rocas. En esos acantilados de Santander donde estos días han fallecido seis personas murió un buen amigo de la niñez, Javi Lastra, pura sonrisa perdida entre las olas. No fue el único. El paseo junto al faro de cabo Mayor deja otros monolitos de recuerdos aciagos de una zona peligrosa, especial, ansiada por muchos que han arriesgado y perdido.
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