Si el caso Koldo se lleva algún día a la pequeña o la gran pantalla, será raro que eluda algunas escenas construidas a partir de los testimonios escuchados en la segunda semana del juicio que se celebra en el Tribunal Supremo. El empresario Víctor de Aldama, comisionista profesional, entrando en el Ministerio de Transportes a todas horas, con estacionamiento reservado y acceso sin preguntar a la zona restringida del ministro. El asesor ministerial Koldo García, controlándolo todo desde sus dos metros de altura, siempre al quite para colocar las mascarillas de Soluciones de Gestión en cuanto olía la necesidad de una administración de adquirir material de protección. Su expareja, Patricia Uriz, llevando la ropa de José Luis Ábalos a la tintorería, acudiendo a la sede del PSOE a recoger los reembolsos de gastos en efectivo o firmando el alquiler de una casa para que la disfrutaran el ministro y su familia.
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