Están pero no se las suele percibir. Abren la puerta, reciben y despiden sin mayor intervención, arrancando poco más que un “hola” y un “adiós”. Ya sea en la administración pública o en la empresa privada, son personas llamadas al anonimato, al servicio discreto. Sin embargo, en el caso Koldo las secretarias han ejercido de auténticos testigos del tráfico ―de individuos, contactos y paquetes― que generaban las presuntas corruptelas para captar contratos mediante mordidas.
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